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Línea de Wallace: Barreras invisibles
Uno de los fenómenos más fascinantes que podemos observar en nuestro planeta, desde un punto de vista biológico, es la gran variedad de especies animales y vegetales endémicas de Australasia. Es como si, al cruzar una pequeña franja de varios kilómetros que la separa de Asia, pasáramos de un mundo a otro completamente diferente.
El primer científico que observó y registró este fenómeno fue el naturalista Alfred Russel Wallace en el siglo XIX, motivo por el cual esa frontera biogeográfica invisible recibió su nombre: “La línea de Wallace”.
Wallace observó que algunas islas situadas al oeste de su línea, como Bali o Borneo, compartían las mismas especies o muy similares a las que se encuentran en Asia, mientras que las islas al este de su línea, como Nueva Guinea, albergaban especies muy diferentes, pertenecientes a familias que solo podemos encontrar en Australasia, y todo esto a tan solo unos pocos kilómetros de distancia. Estas diferencias no solo afectan a plantas o animales terrestres, también se observan en las aves y en los animales marinos.
La explicación científica de este fenómeno radica en que esa aparentemente invisible frontera separa diferentes capas tectónicas y oceanográficas que han condicionado la evolución de esta zona del planeta durante varios millones de años.
Es evidente que no existe una barrera visible, pero este es un claro ejemplo de cómo las fronteras invisibles pueden condicionar el desarrollo de la vida. Nos referimos a la biología de nuestro planeta, pero también podemos reflexionar sobre nuestras propias "líneas invisibles". Esas barreras mentales y emocionales que, sin darnos cuenta, nos llevan a auto-boicotearnos.
Muchas veces nos sentimos estancados o incapaces de avanzar en nuestras vidas. Y los motivos suelen ser miedos, condicionantes sociales o inseguridades. Nos resignamos y nos convencemos de que somos incapaces de cruzar esas barreras, pero el verdadero obstáculo es una fina línea que se encuentra en el interior de nuestra mente, producto de nuestra imaginación. Son barreras autoimpuestas.
Del mismo modo que las especies animales a ambos lados de la línea de Wallace, los humanos preferimos continuar en nuestra zona de confort, cómodos pero limitados. Sin embargo, a diferencia de las especies de ambos continentes, nosotros tenemos la capacidad de derribar nuestras barreras mentales si somos conscientes de ellas. Nadie dice que sea sencillo, y hace falta valor para enfrentarlas, pero si lo logramos, el premio valdrá la pena. Se trata de nuestra propia evolución personal, de nuestro crecimiento. Aquella versión de nosotros mismos, más fuerte y libre…
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