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SVALBARD GLOBAL SEED VAULT. LA BÓVEDA DEL FIN DEL MUNDO (UN BAUL PARA GUARDAR RECUERDOS)
En un remoto lugar del norte de Europa, muy próximo al circulo polar ártíco, se encuentra el archipiélago de Svalbard, perteneciente al reino de Noruega. Se trata de una de las regiones habitadas más septentrionales del planeta, con unas temperaturas anuales que varían entre los -30 ºC y unas máximas que rara vez se aproximan a los 10 ºC durante la época estival.
De entre las casi 100 islas que forman el archipiélago, destaca Spitsbergen como la mayor de ellas. Es en este lugar donde se concentran la mayoría de asentamientos humanos de la región, siendo la ciudad más grande Longyearbyen, y es aquí donde se encuentra el mayor reservorio de biodiversidad vegetal del mundo.
El 26 de febrero de 2008, fue inaugurado un proyecto internacional conocido comúnmente como "La Bóveda Global de Semillas" otros lo bautizaron como "La Bóveda del Fin del Mundo" pero su nombre oficial es "Svalbard Global Seed Vault". El fin de esta iniciativa era preservar la biodiversidad del planeta ante la preocupante pérdida de hábitats como consecuencia de desastres naturales, mala praxis en la gestión de recursos y conflictos bélicos, y los efectos de un cambio climático continuo.
La idea de construir este particular "Arca de Noe" de semillas, se gestó entre los años 80 y 90 del siglo pasado. El objetivo era hacer acopio de una reserva mundial de semillas en lugar suficientemente seguro y alejado de riesgos. En 2004, la ONU, a través de la comisión Internacional de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura, junto con el gobierno de Noruega y la Global Crop Diversity Trust, formalizaron el proyecto que cobraría forma cuatro años más tarde.
La gran bóveda, situada a una profundidad de más de 100 metros en el interior de una montaña, está diseñada para resistir terremotos, efectos climatológicos adversos e incluso impactos o detonaciones de misiles balísticos. Incluso un posible corte de suministro eléctrico no afectaría al estado de las semillas conservadas en estado de congelación permanente. Se trata de proteger la biodiversidad agrícola y garantizar que futuras generaciones puedan recuperar cultivos diversos en caso de pérdida de los actuales para evitar posibles crisis alimentarias.
El presupuesto de este proyecto no llegó a los 9 millones de dólares estadounidenses en 2008. Unos 45 millones de coronas noruegas que financiaron entre Noruega y el Crop Trust.
Ese mismo año (2008), en la ciudad de Zaragoza (Aragón / España) tuvo lugar la Exposición Internacional de Zaragoza 2008, cuya temática principal era "El agua y el desarrollo sostenible". El evento se prolongó durante 3 meses. Del 14 de junio hasta el 14 de septiembre, y contó con un presupuesto estimado de 1.500 millones de euros (160 veces superior al proyecto de Svalbard). Aunque desde la organización se consideró un éxito la participación con casi 5,6 millones de visitantes, lo cierto es que solo el 15 % fueron extranjeros, y de los nacionales, una gran mayoría fueron habitantes de la ciudad de Zaragoza que, gracias a un abono general de temporada, pudieron disfrutar de una gran variedad de espectáculos ofrecidos durante los tres meses.
Es cierto que la ciudad mejoró considerablemente en cuanto a infraestructuras, pero hubo proyectos que ni siquiera llegaron a inaugurarse y algunas de esas infraestructuras están siendo subutilizadas por un mal diseño y una mala planificación. En cuanto a la repercusión internacional de la exposición fue mínima, ya que de ese 15 % de visitantes extranjeros, una gran mayoría eran franceses, lo cual se puede considerar lógico dado que la frontera con ese país se encuentra a escasos 180 km por carretera, y a nivel de comunicación, la organización de la exposición no tuvo el impacto que cabría esperar.
Recientemente estamos viendo una sequía sin precedentes y una ola de incendios en sudamérica, siendo Brasil el país más castigado, precisamente uno de los que concentra una mayor biodiversidad a nivel global.
Si se siguen deteriorando el entorno y los hábitats, que es lo que supuestamente debemos preservar, ¿Serán suficientes unas muestras de semillas originales para reestablecer los ecosistemas? Las grandes corporaciones biotecnológicas llevan años modificando genéticamente semillas para conseguir cosechas más productivas y resistentes a las plagas y las sequías. Ante ese panorama, ¿tiene sentido un proyecto como Svalbard Global?
Particularmente, debo reconocer que me gusta el proyecto, pero dudo de su utilidad. Creo que debería ser la primera piedra de una gran obra global mucho más ambiciosa, pero cuando observamos el uso que se hace de los recursos públicos en la mayoría de países, la sensación es que nos gastamos el dinero en fiestas y escaparates y nos olvidamos de lo realmente importante.
Cuando pasen los años y las futuras generaciones busquen en el interior de la bóveda, posiblemente solo encuentren un museo de semillas agrícolas. Un baul para guardar recuerdos...
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