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SESGO DE SUPERVIVENCIA (LECCIONES OCULTAS )
Durante la contienda conocida como segunda guerra mundial, los altos mandos del ejercito del aire de los E.E.U.U. y debido a la gran cantidad de bajas que estaba sufriendo su flota de aeronaves, decidieron encargar un estudio a los técnicos para reforzar sus aparatos. Blindarlos por completo los haría demasiado pesados, por lo que necesitarían una mayor carga de combustible y además serían más lentos y perderían capacidad de maniobra, por lo que esa no era una opción. Se decidió por tanto estudiar las partes dañadas de los aviones que regresaban de las misiones y serían aquellas áreas más perforadas por la artillería enemiga las que se deberían reforzar. Al menos esta fue la conclusión a la que llegaron los generales del alto mando. Sin embargo, sería un estadístico de origen húngaro (Abraham Wald), quien había emigrado al país unos años antes y formaba parte de aquel equipo técnico, quien observó que los daños que se podía apreciar en aquellos aviones no representaban un riesgo real, ya que todos ellos habían sido capaces de regresar hasta sus bases. En todo caso, deberían analizar los aviones caídos en combate, pero como esa opción no era posible, planteó que las zonas que no presentaban daños en los aviones estudiados eran las partes realmente sensibles del avión. Casualmente esas zonas eran los motores, los depósitos de combustible y las cabinas de los pilotos...
A este estudio se le denominó "Sesgo de supervivencia" y define como a menudo sacamos conclusiones erróneas a la hora de interpretar el éxito. Hoy en día este tema es materia de estudio en el mundo de la economía y la empresa. Vivimos en una sociedad donde el éxito está sobrevalorado, cuando se trata de la otra cara de una misma moneda donde aparece el fracaso. Hasta que se tomaron medidas y se reforzaron las partes más vulnerables de aquellos aviones, la diferencia entre los que lograron salvarse y los que cayeron en combate fue una simple cuestión de suerte.
Han pasado más de 80 años y salvo excepciones, seguimos cometiendo los mismos errores ¿Quien no ha tenido en sus manos o ha sido bombardeado en redes sociales con libros de autoayuda o manuales para conseguir el éxito económico o social? Todos ellos se basan en copiar las supuestas claves del éxito, pero ¿Cuales son esas claves? El modelo o modelos siempre son aquellas figuras que han logrado la tan ansiada meta, pero ¿Cómo saber si ese éxito es fruto de una fórmula y ética de trabajo infalibles o si por el contrario, la suerte ha sido fundamental entre otros factores?
Solemos definir la experiencia como un proceso de aprendizaje continuo en base a resultados anteriores, y curiosamente, se aprende mucho más de los errores que de los aciertos, que muchas veces suelen ser fruto de la casualidad. Entonces, ¿Por qué nos fijamos en aquellos modelos que consideramos triunfantes y no estudiamos aquellos que han fracasado para descubrir los errores a evitar? Sabemos que eso es así, pero ¿Por qué nos traiciona el subconsciente? Si para vendernos ese tipo de mensaje se utilizan los modelos de éxito y no los fracasos, es sencillamente porque los primeros los compramos y los segundos no.
Si tomásemos conciencia de lo efímero del éxito o el fracaso, y no diésemos tanta importancia a esos dos impostores como los definió Rudyard Kipling en su poema "Si" de 1895, podríamos alcanzar cierta inmunidad emocional sobre los diferentes resultados parciales que vamos alcanzando en nuestras vidas. Aprenderíamos mejor las lecciones que se nos brindasen y lo más importante. Mejoraría nuestro comportamiento, mostrándonos más humanos con nuestros congéneres...
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