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INTELIGENCIA EMOCIONAL
Hace unos días, conversando con una persona realmente especial, surgió el tema de la inteligencia y como consecuencia directa, hablamos de la inteligencia emocional. Reconozco que me sentí un poco bloqueado a la hora de definir el concepto en ese momento. Quizá el hecho de hablar en otra lengua distinta a la materna pudiera condicionar un poco la situación, pero el caso es que no tuve la suficiente claridad de ideas como para expresarme convenientemente. Es por este motivo que se me ocurrió crear una entrada al Blog sobre un tema que considero muy relevante, y para ello, antes haré referencia a un experimento, bastante cruel por cierto, llevado a cabo hace varios siglos y cuyo resultado me servirá de argumento para el análisis final.
Durante buena parte de la primera mitad del siglo XIII, el sacro imperio romano germánico estuvo regido por un personaje realmente excéntrico. Hay quienes afirman que se trataba de un adelantado a su época, pues su carácter e inquietudes eran más propios del renacimiento que de la plena edad media. Hablamos del emperador Federico II de Hohenstaufen (1194-1250) quien era todo un erudito, capaz de hablar hasta nueve lenguas diferentes y escribir en siete, además de poseer extensos conocimientos en muy diferentes áreas.
Una de sus obsesiones era conocer el origen del lenguaje humano, ya que por aquella época se especulaba con cual era la lengua natural, a partir de la cual habrían ido evolucionando el resto de lenguas conocidas, y para ello, se le ocurrió un experimento de fatales consecuencias. Es imposible saber con exactitud el número de bebés recién nacidos usados para el estudio. Algunas fuentes citan hasta 30, pero el caso es que ninguno de ellos alcanzó los tres años de edad, y es que aquellos niños fueron aislados en una sala donde recibirían todos los cuidados básicos de alimentación e higiene, pero con la condición de no recibir ninguna muestra de afecto, emoción o comportamiento de tipo empático por parte de sus cuidadoras, además de mantener una nula comunicación con ellos de ninguna de las formas posibles (lenguaje, gestos)
La idea era que al crecer los niños, estos se comunicarían entre ellos en un lenguaje que sería considerado el lenguaje natural de la especie humana. El resultado fue que la privación emocional en la primera etapa de desarrollo de un ser humano no pudo ser superada por ninguno de los bebés, y esto ocurre también con otras especies en el mundo animal, y no hablo exclusivamente de primates.
No hay un consenso claro sobre cual es la mejor definición para el concepto inteligencia, quizá la más abstracta "Capacidad de adaptación al entorno" sea la que más se ajuste a una idea que precisa de infinidad de matizaciones. Desde hace mucho tiempo se trata de medir esta capacidad, y una de las pruebas más utilizadas para este fin ha sido una de tipo psicométrico, denomidada "Prueba de Wechsler" que evalua la comprensión verbal, el razonamiento perceptivo, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento. En base a estos parámetros se establece un índice denominado "Cociente Intelectual" cuyos resultados determinan, en una distribución del tipo campana de Gauss, qué valores se consideran extraordinarios en uno u otro sentidos.
El problema de este tipo de pruebas es que son muy genéricas y no tienen en cuenta muchas de las que hoy se consideran como tipos de inteligencia, y es que no solo es inteligente aquella persona con altas capacidades lógico-matemáticas, y/o comunicativas (inteligencia lingüistico-verbal) Hay muchas otras habilidades o capacidades que no necesariamente están relacionadas con las anteriores y que son igualmente valiosas para el desarrollo humano y social. Una de ellas es la inteligencia emocional.
De todos los tipos de inteligencia estudiados, la inteligencia emocional es la que nos habilita para reconocer y comprender nuestras emociones y las ajenas, y sobre todo para gestionar las propias. Podemos afirmar entonces que nuestra inteligencia emocional es la que determina nuestro patrón de conducta en lo referente a las relaciones sociales, y no es algo invariable en el tiempo. Podemos aprender en base a la experiencia y situaciones vividas, lo que significa que no estamos hablando de una habilidad que heredamos genéticamente. Evidentemente, hay una componente que si lo es, ya que cada individuo nacemos con una "programación genética" que nos condiciona en todos los aspectos de nuestras vidas, pero que no necesariamente debe ser determinante. Con la inteligencia emocional, al igual que con el resto de inteligencias, los entornos ambiental y familiar (social) van a ser claves en nuestros primeros años de vida para un correcto desarrollo de nuestro intelecto, e incluso después de esa fase, podemos seguir mejorándolo con los ejercicios adecuados, y no solo mentales, ya que incluso unos buenos hábitos como el ejercicio físico y la alimentación saludable van a favorecer nuestro desarrollo intelectual.
En el experimento del emperador Federico II, todos los niños mueren porque el cerebro no es capaz de superar la falta afectiva de sus cuidadores, pero no por la carencia de otro tipo de estímulos o conocimientos de otra naturaleza, por lo que después de todo, creo que no es descabellado afirmar que la inteligencia más importante de todas es precisamente aquella que no se ve reflejada a la hora de evaluar el famoso IQ...
Fuente Imagen: https://www.amoni.mx/vida-saludable/salud/inteligencia-emocional-definicion-e-importancia/
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